viernes, 22 de agosto de 2008

El Neolítico

Los historiadores denominan Prehistoria a la etapa que va desde el origen del ser humano (hace unos cinco millones de años) hasta la invención de la escritura. La Prehistoria se subdivide en tres periodos: Paleolítico, Neolítico y Edad de los Metales.
Con el desarrollo de los grupos sociales aparece el arte como elemento característico de la cultura. Se suele usar el término arte rupestre como sinónimo de arte paleolítico, porque la mayoría de los restos se han hallado en cuevas o grutas, pero ni todo el arte rupestre pertenece a este periodo ni todo lo que se hizo en el Paleolítico procede de las cavernas. De hecho, puede hablarse de dos estilos de arte rupestre situados, cada uno, en periodos distintos: el de la zona franco-cantábrica se desarrolló durante el Paleolítico Superior y el de la zona levantina, datado entre el Neolítico y la Edad de los Metales.
El Neolítico

1.-Introducción histórica

El Neolítico suele situarse entre el final del Paleolítico y la Edad de los Metales (5000 a. C.). Esta época estuvo marcada por profundos cambios climáticos: los hielos perpetuos se retiraron a las altas montañas y los polos, lo que supuso una mejora de la temperatura, entre templada y cálida y un mayor grado de humedad. Esto determinó la mejora de las condiciones de vida: poco a poco el hombre abandonó las cuevas para vivir al aire libre o junto a abrigos rocosos. Aunque la caza sigue siendo importante en la alimentación, el hombre se hace productor y se asienta en torno a un modo de subsistencia sedentario, centrado en la agricultura y la ganadería (domesticación de plantas y animales). Esto no sólo provoca cambios económicos en los grupos humanos, sino que también aparecen cambios sociales y culturales. Se construyeron poblados y las tribus vieron aumentados el número de individuos, lo que desembocó en una jerarquización de la sociedad y una especialización del trabajo, así como la aparición de conceptos como la propiedad o el comercio. El progreso técnico experimentó un notable desarrollo (cerámica, fabricación de herramientas, tejidos…).
La aparición de la agricultura hizo que la vinculación a la tierra se hiciese más fuerte y comenzaran a desarrollarse aspectos relacionados con la fertilidad, los ciclos vegetales o los fenómenos celestes. La espiritualidad también se hizo más compleja: los enterramientos se realizaron en tumbas edificadas o excavadas en cementerios próximos a los poblados, los espíritus de los antepasados se consideraban como cooperadores y se empezaron a adorar a las fuerzas naturales relacionadas con el cultivo de la tierra (sol, lluvia…), por lo que la religión era animista. Surge el culto a la diosa-madre, diosa de la fertilidad de la tierra que representa el ciclo vegetal y que también se relaciona con la fecundidad: fue representada mediante estatuillas femeninas de arcilla, bien como una joven o bien como una mujer dando a luz.
Todos estos cambios también dejaron su huella en las manifestaciones artísticas: además de las estatuillas de la diosa-madre destacaron las grandes construcciones megalíticas dedicadas al culto religioso (dólmen, menhir y crómlech) y las pinturas rupestres.


2.-La pintura del Neolítico: la zona levantina

Las manifestaciones más importantes de este periodo en pintura se desarrollaron en casi toda la vertiente mediterránea peninsular, desde Lleida hasta Almeria, aunque no faltan conjuntos importantes en lugares alejados del mar (Teruel, Huesca y Cuenca). Uno de los principales problemas que plantea es la cronología, situándose entre el Neolítico y la Edad de los Metales. Estos conjuntos artísticos se situaron en oquedades al aire libre o en abrigos rocosos, por lo que a menudo recibían directamente la luz del sol. En cuanto a los temas, aunque los animales siguieron teniendo protagonismo en estas obras, se introdujeron figuras humanas en las representaciones pictóricas: la fauna raramente aparecía sola y figuras masculinas o femeninas intervenían en acciones conjuntas con los animales (es extraño encontrar composiciones con animales aislados y estáticos), formando escenas de gran dinamismo. Se realizaban tres tipos de escenas (repetidas y claramente definidas):
-bélicas. Con escenas de combates, desfiles y danzas guerreras.
-actividades relacionadas con la caza. Escenas de acecho o persecución de animales (ciervos, bóvidos…).
-vida cotidiana. Centradas en la recolección de alimentos (miel, cereales…) y domesticación de animales (pastoreo), en la organización jerárquica y en las danzas rituales.
El hombre se pintaba desnudo, con adornos en algunas partes del cuerpo (cabeza, brazos, piernas y cintura) y sujetando el arco y las flechas. La figura femenina se representaba con el tronco desnudo y con una falda larga acampanada que llegaba hasta las rodillas o los pies. Las diferencias entre hombre y mujer no sólo están marcadas por la indumentaria, sino que se hacen patentes por la representación de los rasgos sexuales, aunque los rostros no estén detallados. Sin embargo, pese a la nueva importancia que adquirió la representación humana, las numerosas y variadas figuras tenían siempre un tamaño pequeño (6-15 cm. de altura).
Los animales comúnmente representados son los caprinos, cérvidos, equinos y bóvidos. En ocasiones aparecen sin la presencia del hombre como cazador, solos y en diversas actitudes: estáticos, en estado de alerta, caídos en una trampa, con el cuerpo lleno de flechas e incluso muertos. La forma más frecuente de representar un animal era la mancha total de la figura, de un solo color (monocromía), en silueta plana, sin valoración del volumen.
La técnica que usaban estos grupos neolíticos era la pintura, el color, que se obtenía de productos minerales naturales. Los colores más utilizados fueron el rojo, el ocre, el negro y el blanco. Fueron utilizados puros, sin mezclar (en estas pinturas no existe la bicromía ni la policromía ni las gradaciones de tonalidades): son figuras monocromas.
No existe una intención relista, aunque sí existe una pretensión de individualización al marcar diferencias entre sexos. Los cuerpos humanos y animales se exageran estirando o adelgazando sus extremidades o su cintura, creándose formas irreales que muestran su interés por captar lo vital e instantaneo. También mostraban el cuerpo entero de perfil, exceptuando algunas partes que se colocaban en posición frontal.
Reducen la representación a las líneas esenciales, es decir, a las características identificativas y a las actitudes, eliminando el resto de detalles (el arco y las flechas permiten reconocer al cazador o al guerrero): son pinturas esquemáticas de marcado carácter simbólico (las figuras sufren un proceso de abstracción).
En su interés por captar el movimiento, los artistas pintaban a menudo las figuras formando composiciones en diagonal descendente (animales perseguidos en actitud de carrera bajando hacia el valle), consiguiendo escenas de gran dinamismo.
Parece ser que la pintura levantina, incluso si tenía una finalidad mágico-religiosa, era de carácter narrativo y la intención de estos artistas neolíticos era fijar un acontecimiento, narrar un hecho, casi “contar una historia”.
Todas estas características parecen evidenciar que estas pinturas fueron realizadas por hombres que vivieron y plasmaron un mundo completamente nuevo.


















Abrigo dels Cavalls. Cacería de Ciervos.












Danza Fálica. Cueva de Cogull (Lleida)










Figura Femenina y Cabras (Teruel)












Arquero (Castellón)

1 comentario:

Martín García Silvëro dijo...

gracias por tan buena información :=)